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Todas poseen la
elegancia y ligereza que suele acompañar a las gallinas de
tipo mediterráneo, esbeltas, altivas, nerviosas, escasa de
plumón y con plumas pegadas al cuerpo, de colores intensos y
brillantes por la influencia del sol.
La cresta y
barbillas suelen ser grandes, ya que son necesarias como
válvulas de refrigeración de la sangre, de ahí su textura
fina.
Casi todas debido
a que son muy inquietas, suelen ser malas madres.
También como
consecuencia del calor podemos observar que son de tarso
limpio y sin plumas, de patas fuertes y dedos largos y
finos, con uñas grandes, como corresponden a animales que
andan mucho y escarban sobre terrenos áridos y duros.
La franciscana
tiene unas características morfológicas parecidas al resto
de variedades, Salvo las diferencias debidas al color que son las
siguientes:
En el plumaje:
barrado, constituido por listas de blanco grisáceo y de gris
oscuro, que alternan en cada pluma en forma de barras
transversales. En las orejillas: Blanco puro. En la cresta,
cara, barbillas: rojo vivo. En los ojos: castaño rojizo. En
las patas, dedos y pico: blanco sonrosado. En los huevos de
las gallinas: blanco.
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